Vivimos en una sociedad que produce cantidades masivas de contenido cada segundo. Las redes sociales, las plataformas de entretenimiento, los influencers y las empresas compiten constantemente por captar nuestra atención. La relevancia se vuelve un bien efímero: lo que es tendencia hoy será reemplazado en cuestión de minutos.

La iglesia no está aislada de esta realidad. Aunque su llamado es eterno y cristocéntrico, ha habido una filtración sutil de las ideas del mundo en su interior. Este fenómeno es peligroso porque muchas veces se justifica con argumentos como “redimir” prácticas culturales o “hacerlo mejor que el mundo” bajo el pretexto de un buen propósito (tema que profundizaremos en otro artículo).


Frases Atractivas, Verdades a Medias

Algunas iglesias que se presentan como “relevantes” usan frases como:

“Esta es tu casa”,
“Ven tal como eres”,
“Dios te ama tal cual eres”.

Si bien estas frases contienen verdades, pueden convertirse en verdades a medias cuando se desconectan del mensaje completo del evangelio. La bienvenida es necesaria, pero no suficiente: el evangelio no solo nos recibe, sino que nos transforma.


El Riesgo del Antropocentrismo

Muchas congregaciones han centrado su visión, su liturgia e incluso su teología en el hombre. Buscan la comodidad y atracción de las personas, antes que la centralidad en Cristo y la gloria de Dios. Este antropocentrismo ha llevado a prácticas que, aunque parecen funcionales, desvían el énfasis de la iglesia: ser columna y baluarte de la verdad (1 Timoteo 3:15).


La Obra Transformadora de Dios

Es importante subrayar que Dios no rechaza al corazón contrito y humillado (Salmo 51:17). Como el padre del hijo pródigo, Él recibe con brazos abiertos. Pero la obra de Dios no termina en la aceptación inicial: comienza ahí un proceso de santificación que dura toda la vida. El Espíritu Santo nos transforma de amantes de nuestro pecado a personas que lo detestan; de orgullosos autosuficientes a hijos que dependen de Dios; de necios a sabios que buscan la santidad.


El Declive de la Predicación

En algunos lugares, la predicación ha sido reducida a charlas motivacionales, anécdotas personales o entretenidos monólogos de pocos minutos. Sin embargo, nada es más urgente y poderoso que la exposición fiel de la Palabra de Dios (2 Timoteo 4:2).
La razón de esta tendencia es clara: la comodidad del oyente se ha convertido en prioridad. La gente puede ver series de una hora sin dificultad, pero se incomoda con una predicación que supera los treinta minutos. El pragmatismo ha reemplazado la contemplación de las Escrituras y la profundidad teológica.


Preguntas para Reflexionar

Debemos examinarnos:

  • ¿La iglesia a la que asisto predica fielmente el evangelio?
  • ¿La Palabra me confronta en mi pecado?
  • ¿Estoy creciendo en mi comprensión de las verdades de Dios?

O, por el contrario, ¿solo asisto porque la música es buena, el predicador es carismático, el servicio es breve y la decoración es atractiva?

*Blog publicado en 2019 en el blog de teobox

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