Si quieres puedes sanarme.

Hace unos meses falleció un cantante cristiano conocido en América Latina, tras batallar por meses con una enfermedad mortal. Su caso conmovió a miles de creyentes y generó una ola de oraciones, publicaciones y hasta conciertos de intercesión. En medio de esta ola de apoyo se viralizó la oración de una cantante que, pidiendo por sanidad, dijo: «No tomaremos un NO por respuesta».
Esta frase, invita a reflexionar: ¿cómo debemos entender la voluntad de Dios y su soberanía, especialmente en el contexto de la enfermedad?

Enfermedad, fe y la soberanía de Dios

La Soberanía de Dios: Descanso y Esperanza

El señorío de Dios es un concepto esencial para el creyente. Él es Señor de nuestra vida, y nosotros somos sus siervos (1 Cor 6:19-20). Reconocer que dependemos totalmente de su voluntad es una fuente de paz, no de carga. Si Dios es soberano sobre nuestra salud, nuestro tiempo y nuestras circunstancias, podemos descansar en que Él protege, cuida y obra para su gloria, incluso en medio del sufrimiento.


La Realidad de la Vida y el Dolor

La vida está llena de situaciones inesperadas: crisis económicas, accidentes, enfermedades. Algunas se pueden prevenir, otras nos sorprenden de manera dolorosa. Sin embargo, nada escapa del control de Dios. Su soberanía permanece, aun cuando no entendemos el propósito de nuestro sufrimiento.


Cómo Oramos en Medio de la Enfermedad

La enfermedad revela nuestra teología práctica. Muchos oramos solo en la angustia, convirtiendo a Dios en un recurso de emergencia. Por eso, nuestras oraciones suelen sonar a exigencias: nos falta adoración, reverencia y sometimiento a su voluntad.
El problema no es pedir sanidad; el problema es exigirla como si Dios estuviera obligado a obedecer. Creer que nuestras declaraciones o decretos tienen poder sobre la voluntad divina es una distorsión peligrosa del evangelio.


Un Modelo Bíblico de Oración

En Mateo 8:2 vemos a un leproso acercarse a Jesús:

«Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Este hombre, desesperado por restauración, reconoce la autoridad de Cristo y se somete a su voluntad. Jesús responde:
«Quiero; sé limpio.»
La sanidad fue inmediata, pero la clave no estuvo en la insistencia del leproso sino en la misericordia soberana de Jesús.


Fe y Soberanía

Nuestra fe no puede depender de recibir sanidad. Si lo que creemos es que Dios existe para cumplir nuestros deseos, no estamos poniendo nuestra fe en Él como soberano, sino que en la práctica ponemos la fe en nosotros mismos. La verdadera fe busca conocer la voluntad de Dios y hallar gracia para aceptarla, aun si no coincide con lo que anhelamos (2 Cor 12:7-9).


Palabras para el que Sufre

Amigo, si llevas meses o años luchando con una enfermedad, recuerda: Dios no se ha olvidado de ti. Él usa el sufrimiento para que dependas más de Él y para formar en ti el carácter de Cristo.
Tu esperanza no debe estar en la curación temporal, sino en la promesa eterna:

«Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Ap 21:4).

No es tu falta de fe la que te mantiene enfermo, ni la ausencia de declaraciones positivas. Es el plan soberano de Dios, que tiene como meta tu santificación y su gloria. Y en esa esperanza descansamos.


*Blog escrito y publicado originalmente en 2019 en el blog original de teobox

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