El relativismo es una postura filosófica que niega la existencia de la verdad absoluta y sostiene que el conocimiento humano no puede ser totalmente objetivo, pues está condicionado por factores externos. Vivimos en una sociedad profundamente relativista, esto es innegable. Esta ideología permea múltiples aspectos de la vida cotidiana: la vemos en programas de televisión, en redes sociales e incluso en las conversaciones más triviales. Lo preocupante es que también se ha infiltrado en muchas iglesias, disfrazándose de “humildad”.
Por eso debemos plantearnos la pregunta: ¿es inmoral el relativismo?
La respuesta es crucial, porque si existe una verdad absoluta, el cristiano está llamado a comprometerse con ella, no solo de palabra sino en la práctica de su vida.
El relativismo y el conocimiento verdadero
El relativismo descalifica el conocimiento al afirmar que este no es universal ni objetivo, sino dependiente de circunstancias y percepciones individuales. Sin embargo, como cristianos, sabemos que la misericordia de Dios nos llama a preocuparnos por el destino eterno de quienes nos rodean, y esto solo es posible si hay un conocimiento verdadero que conduce a la salvación.
Ese conocimiento verdadero nos es dado por Dios mismo, quien se ha revelado para que la humanidad le conozca y venga al arrepentimiento. Esta revelación alcanza su punto máximo en su Hijo Jesucristo, quien afirmó sin ambigüedades:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Juan 14:6)
Esta declaración no deja espacio para verdades “parciales” o alternativas: Cristo no es una verdad más entre muchas, Él es La Verdad. Negar la existencia de una verdad absoluta es, en última instancia, negar la revelación de Dios mismo y abrir la puerta a la perdición del alma.
El relativismo: un problema moral y espiritual
Algunos relativistas admiten que pueden existir normas objetivas, pero sostienen que no podemos conocerlas, por lo que descalifican la Biblia como autoridad. Otros afirman que cada quien tiene “su verdad” y que nadie puede reclamar poseer la verdad última. Esto puede sonar respetuoso, pero en el fondo es una postura de orgullo: revela el rechazo a someterse a Dios y a Su Palabra.
Jesús enfrentó esta actitud en Mateo 16:1-4, cuando los fariseos le pidieron una señal del cielo para confirmar su autoridad. Jesús los reprendió porque sabía que su problema no era de ignorancia, sino de corazón: no aceptarían ninguna señal, sin importar cuán clara fuera. El relativismo, de la misma manera, no es solo un error intelectual, sino una actitud inmoral del corazón.

Incoherencia lógica del relativismo
El relativismo se contradice a sí mismo. La ley de no contradicción establece que algo no puede ser verdadero y falso al mismo tiempo y en el mismo sentido. Sin embargo, el relativista afirma: “no existe la verdad absoluta” y al mismo tiempo exige que esa afirmación sea aceptada como verdadera. Esto lo convierte en una postura insostenible e irracional.
Nadie puede sostener el relativismo en todas las áreas de la vida. Si fuéramos acusados de un delito, exigiríamos que se nos juzgara con base en la verdad objetiva y la evidencia, no según “perspectivas relativas”. Esto muestra que, en el fondo, el relativismo se usa de manera selectiva, muchas veces para justificar el pecado o evitar el juicio moral.
Consecuencias sociales del relativismo
Una sociedad que rechaza la verdad está destinada al colapso moral:
- Las familias pierden sus fundamentos y valores morales.
- Los niños y jóvenes son educados según preferencias cambiantes en lugar de principios sólidos.
- Los gobiernos carecen de bases éticas para legislar.
- La industria prioriza las ganancias sobre la integridad en la obtención de las mismas.
Cuando se elimina la verdad objetiva, todo se convierte en una cuestión de conveniencia y poder.
La respuesta cristiana al relativismo
Todos, en mayor o menor medida, hemos actuado como relativistas en algún momento. Pero la solución es la misma que para cualquier pecado: Arrepentimiento y fe en Cristo.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8)
Reconocer a Dios como la esencia de lo verdadero implica someternos a Su Palabra en cada área de nuestra vida. Aceptar, conocer y abrazar La Verdad no es una opresión, sino el camino hacia la libertad y la vida eterna (Juan 8:32).
El Espíritu Santo es quien nos convence, nos ayuda a someternos a la Palabra de Dios y nos transforma para vivir en integridad. Aunque esta sociedad celebre el relativismo, el cristiano está llamado a vivir en coherencia con la verdad de Cristo, reflejando que su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).
Conclusión
El relativismo no es simplemente un problema filosófico; es un problema espiritual. Negar la verdad absoluta es negar a Cristo mismo. Como seguidores de Jesús, estamos llamados a abrazar la verdad, vivir conforme a ella y proclamarla en amor, aun cuando el mundo la rechace. Solo así glorificaremos a Dios y cumpliremos el propósito para el cual fuimos creados.
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