Cuando defender preferencias se vuelve más importante que preservar El Evangelio
Vivimos en una época donde los cristianos tienen acceso ilimitado a contenido teológico, nunca había sido tan fácil escuchar sermones, debates, podcasts o consumir videos cortos con temas doctrinales y con esta posibilidad podemos consumir durante horas todos los días. Pero junto con este acceso también ha surgido un problema silencioso: la creación de cámaras de eco doctrinales.
Especialmente alrededor de doctrinas secundarias que es en el tema que me quiero centrar, pues las considero peligrosas porque estorban al desarrollo de un pensamiento crítico, al llamado de amarnos como hermanos (más allá de las diferencias) y promueven una superioridad que no es propia de un cristiano.
¿Qué es una cámara de eco doctrinal?
Una cámara de eco, es un concepto hoy usado más en redes sociales, que se refiere al hecho de que el algoritmo de las redes te muestra contenido de acuerdo a tu pensamiento y preferencias lo que hace que creas que estás en lo correcto todo el tiempo, dado que no se te presentan argumentos distintos. Hablando de cámaras de eco doctrinales, este fenomeno ocurre cuando un creyente consume exclusivamente contenido de personas que sostienen exactamente las mismas posturas secundarias que él.
El algoritmo comienza a reforzar constantemente lo que prefiere en cuanto a doctrinas secundarias, interpretaciones, argumentos en pro de esas ideas, señalando a quienes no tienen las mismas preferencias, haciéndolos ver como indoctos, por medio de burlas, memes, caricaturización de sus pensamientos y no promoviendo el escuchar el argumento del otro como una práctica necesaria en todo creyente.
Entonces todo comienza a girar alrededor de algunos debates como: calvinismo vs arminianismo, cesacionismo vs continuismo, posición escatología, preferencias liturgicas, traducciones bíblicas, posiciones políticas o posturas denominacionales.
Y aunque hemos de tener posturas claras en cada uno de estos temas y otros igualmente considerados secundarios, el riesgo es que poco a poco, sin darse cuenta, algunas personas terminan convirtiendo doctrinas secundarias en el centro de su cristianismo.
Cuando las preferencias eclipsan al Evangelio
El problema no es estudiar doctrina, ni tener claridad en cuanto a preferencias, el problema comienza cuando las doctrinas secundarias ocupan un lugar que solo le pertenece al evangelio.
Es entonces cuando el cristiano empieza a hablar más de sistemas teológicos que de Cristo, discutir más de posturas que de santidad, consumir más polémica que Escritura y tristemente encuentran su identidad más en una tribu doctrinal que en El Evangelio.
El algoritmo ama la polémica
Las redes sociales no recompensan necesariamente la sabiduría, sino que recompensan la reacción. Por eso el contenido más visible suele ser confrontativo, divisivo, polarizado, exagerado, emocional o diseñado para ridiculizar a los que están del “otro lado de la barda de las doctrinas secundarias”.
Y mientras más interactúas con ese contenido, más te encierra el algoritmo dentro de la misma conversación y empiezas a ver más videos que hablan del mismo tema, tus referentes piensan igual y comienzas a sospechar de cualquiera que no pertenezca a tu grupo.

La diferencia entre doctrinas primarias y secundarias
No todas las doctrinas tienen el mismo peso, hay verdades esenciales sin las cuales no existe cristianismo bíblico tales como: La Trinidad, la deidad de Cristo, El evangelio, la salvación por gracia, la resurrección, La inspiración de La Biblia, entre otras.
Pero también existen doctrinas secundarias donde cristianos fieles han diferido durante siglos. Si no tenemos claras en qué doctrinas no podemos ceder (pues si lo hacemos ya no podemos ser considerados cristianos) y en las cuales podemos tener preferencias o interpretaciones distintas, terminaremos por tener discusiones que no tienen ningún buen fruto y no cumplir con el llamado de parte de Jesús de amarnos, pues en ello mostraremos que somos sus discípulos.
Hay una frase que se atribuye a Rupertus Meldenius (aunque se cree que Agustín también pudo decirla) y es muy necesaria recordarla hoy: “En lo esencial unidad, en lo no esencial libertad, en todo amor”.
La madurez cristiana no consiste en pelear por todo
Muchos creyentes creen que discernimiento significa estar constantemente discutiendo y haciéndole ver al otro que está equivocado, pero eso solo muestra inmadurez por la falta de paciencia, humildad, sabiduría y dominio propio.
Tito 3:9 nos recuerda: “Pero evita las cuestiones necias, genealogías, contenciones y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho.”
Siempre que estemos tentados a escribir, responder, publicar debemos de pensar que no toda discusión edifica.
El peligro de reducir la fe a un grupo con preferencias
Algunas de las señales más claras de una cámara de eco doctrinal son cuando una persona ya no puede escuchar sin debatir, siempre caricaturiza otras posturas, mide la fidelidad cristiana únicamente por acuerdos secundarios.
En esos casos, la teología deja de producir adoración y comienza a producir orgullo. La verdad bíblica debería hacernos más humildes, no más arrogantes. Debemos ser movidos a tener un pensamiento crítico, con preferencias claras pero también con conocimiento de los argumentos distintos a los nuestros.
Necesitamos volver al centro
La iglesia necesita doctrina sólida, eso traerá como consecuencia un énfasis en lo que realmente es importante, como el apóstol Pablo dijo:
“Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” 1 Corintios 2:2
Eso no significa abandonar la teología, mucho menos olvidar nuestras posiciones, más bien significa recordar cuál es el centro de la teología que es Cristo.
Discernimiento fuera de la cámara de eco doctrinal
Algunos creyentes han confundido fidelidad con hostilidad permanente, sin embargo una persona verdaderamente madura puede tener convicciones firmes, y tener claro su llamado a mostrar gracia, humildad, paciencia y equilibrio.
El llamado es a escuchar, leer, ver otros argumentos distintos a los nuestros, fortalecer el pensamiento crítico, no casarnos con referentes en quienes vemos un carácter más beligerante que uno que busca el amor y la unidad entre el Cuerpo de Cristo, cuando nos permitimos salir de la cámara de eco doctrinal podemos evaluar los otros argumentos con una mayor apertura y evaluar los nuestros con menor celo.
Esto nos lleva a cambiar nuestra mentalidad de “yo tengo la teología y preferencias totalmente correctas y el resto no” para llevarnos a preguntarnos “¿Mi teología me está llevando a parecerme más a Cristo?”

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